Me doy cuenta, Jesús, que vivo luchando por vivir realmente. Me apasiona la vida virtual casi tanto como la vida real. Le dedico mucho más tiempo del que quiero. No es vida eso, es una simulación de: humanidad, silencio, calma, tranquilidad, libertad. Cualquier tipo de contacto aislado (yo solo) con la virtualidad cumple ese requisito.

No existe una “realidad virtual” o una “vida digital”. Me niego a considerar válidos esos conceptos. En todo caso existe una “presencia” de cada uno de nosotros los humanos (bueno, casi todos, de cada vez más de nosotros) en la virtualidad. En el internet.

¿Por qué será que quiero dedicar tanto tiempo a edificarme un castillo de arena en la virtualidad? ¿Por qué me apasiona tanto la web, la tecnología, el internet? ¿Que “impulso” estoy saciando con esta “comida”?

Este pensamiento está muymuy atado a otro (🪻Sobre la vida plena ) Quiero poder mirar a mi pasión por la virtualidad como un instante tercero de mi vida, como una herramienta, como un medio de ocio que, en el fondo y en esencia, permanece igual, estable y no cambia y no me necesita y yo, por sobre todo, no lo necesito. Quiero ver a esta pasión en tercera persona. En minúscula, en contraste con un cerro, un río, el viento, una carrera, un mate con germán, un perro, un beso, un mar, un “hola me abris?” de facu. Quiero prender y apagar el internet por mi mismo y no por el. No por inercia.