Aprendiendo a cuidar el “contenido”.
El contenido no es más que eso: Alimento para la mente. Estos días vengo pensando bastante en eso. Me doy cuenta de que yo soy muy conciente de lo que consumo digitalmente todos los días. Me esfuerzo en que cada vez sea menos y en poder darle más lugar a la realidad, a la naturaleza, al momento presente, a la hoja y al papel, a los ojos, a los animales, al sol, al agua. Pero me cuesta. Mi realidad es otra, mis circunstancias implican mucha pantalla. Y el vivir apantallado justamente me produce ese efecto de un constante atontamiento y una bruma zozobrante. Me cuesta distinguir el paso de los días si solo me enfoco en una pantalla. Todo se siente menos tangible, menos duradero y menos humano.
Hábitos. Lo que hago cada día.
Lo que consumo afecta mi comportamiento y viceversa. También he estado más conciente de mis buenos y malos hábitos. Me esfuerzo en desarrollar mejores hábitos todos los días. Para poder llevar un conteo relativamente objetivo de mis decisiones me instalé hace poco un “habit tracker” básico en el celular.
La realidad es que mis hábitos van mucho más allá de lo que una aplicación pueda decir. Muchas veces ese trackeo de decisiones fue impreciso, tajante, irregular, por lo que en cierto sentido, no es perfectamente representativo.

Como se ve en la imagen, hay hábitos que quise desarrollar. Pero sin duda no “quiero” profundamente. Estoy seguro y convencido de que el único requisito para desarrollar un hábito, al final del día, es querer. Más allá de todas las complicaciones rutinarias.