Tener el control.
Me gusta tener todo bajo control. Gasto más tiempo en planificar, esquematizar, organizar y limpiar al máximo mi metodología de trabajo que en trabajando en sí mismo. He gastado mucho tiempo y mucha energía en acomodar perfectamente mi página web y en dejarla perfecta casi como para ponerla en un estandarte. Pero a veces, creo que ese tiempo invertido en verdaderamente escribir y procesar cosas en la página, hubiese sido más valioso.
Privacidad y navegación en Internet.
Parece que no tiene nada que ver. Pero si tiene una banda que ver. Empecé con esta movida de alejarme un toque del ecosistema de Google y empecé a preocuparme un poco más por el manejo de mi información en línea simplemente porque quiero tener el control de lo que pasa con todo lo que dejo publicado en Internet. Por un lado esta piola, pero realmente, en la esencia de la cuestión, no tiene tanto sentido. Al final, no tenemos el control sobre que le sucede a la información que publicamos. Si realmente nos preocupa que es lo que pueda pasarle, lo mejor es intentar dejar la menor huella posible y ya está.
Invertí muchísimo tiempo optimizando y sistematizando la sincronización de todos los elementos que constituyen mi propio ecosistema digital. Como ser mi calendario, mi app de notas, mis archivos, la nube, mis cuentas, el correo electrónico y todas esas pavadas. Al final del día, realmente nada de eso repercute seriamente en mi vida. Eso es algo que mucha gente ya asimiló antes que yo, pero no tiene sentido el compararse con otros. Recién ahora estoy empezando a darme cuenta que aprender a vivir en el “desorden” es mucho más sano y libre de lo que parece.
El desorden no es necesariamente “desordenado”
El problema con el desorden virtual no es el desorden en sí. El problema es que yo, Salvador, no tengo el control absoluto. Y eso me hiere el ego. Porque casi ninguna circunstancia de mi vida puedo controlarla yo. Y el mundo digital parecía ser el horizonte brillante sobre el cual yo iba a poder dominar y tener control absoluto. Y ahora me doy con la realidad de que no es así, y que si lo fuera, tampoco tendría sentido. En ese caso, probablemente gastaría más tiempo ordenando mi vida digital que dejando “huella” o terminando tareas o conectando con la gente.
Dejar de planificar, esquematizar y organizar y empezar a disfrutar verdaderamente.
Ese es mi nuevo propósito. Ahora que ya estamos a una semanita de septiembre, quiero proponerme seriamente convivir con el “descontrol”. Al fin y al cabo, la vida no nos fue dada para que la controlemos sino para que la habitemos. Algo así dijo un sacerdote en los 10min con Jesús que escuché hoy a la mañana.
Comentario de un sacerdote en los 10min con Jesús
“Dios nos ha dado la vida para que la habitemos y la ordenemos… No al revés”
En el Evangelio de hoy, Natanael le dice a su hermano Felipe que no le veía sentido en conocer a Jesús porque era Nazareno. Y según el, de Nazaret no podía salir nadie que valiera la pena. Era un prejuicio suyo. Pero Felipe viene y le dice: “Ven y verás”. Esa frase resume todo. El “ven” es el verbo activo, es el tomar acción. El “verás” es el verbo relativamente “pasivo” si se quiere. Es el saborear, gozar, contemplar, vivir y habitar, como decía más arriba. En mi vida personal, me doy cuenta que antes de vivir, tomo acción. Ordeno, esquematizo, planifico. Para después vivir. Pensé que ese era el orden correcto de hacer las cosas.
Hoy el Señor me invita a animarme a soltar todos esos esquemas y planes que venía haciendo. Me invita a vivir directamente. Me pide ir a vivir con él. Me pide ir a verlo y recién, cuando ya seamos amigos intimos, invitarlo a mi casa, así podemos ordenarla juntos.
No estoy diciéndome que ordenar o planificar sea malo. Simplemente me cuestiono la jerarquía bajo la cual los apliqué hasta ahora en mi vida.
Supongo que a esto se refería el abuelo cuando respondía “meta vivir”. No estaba “meta planear, organizar, ordenar”. Se vive y después se ordena. Se disfruta y después se planifica y se proyecta. Ese después es muy corto, casi instantaneo, porque el presente es único e instantáneo. Pero yo me entiendo. Gozar del presente, que es dónde está Dios, y dejar que el resto exista desordenadamente. La entropía del universo está en constante aumento y nadie se pone loco por eso. Me propongo para septiembre, dejar que la entropía de mi vida (facultad, digitalidad y archivos, tareas y responsabilidades) aumente progresivamente sin que yo la esté mirando. Al final, el único orden que importa es el del alma, y yo solito no puedo darmelo. Es una gracia del Señor.
Jesús, te doy gracias por estos pensamientos y te pido que me des orden interior y pureza y castidad. Amén.