conversaciones estaciones Hace un par de días que vengo leyendo a muchas personas que hablan sobre como viven su vida en etapas, que no necesariamente coinciden con el calendario común y corriente. Al final de este blog les dejo una lista de enlaces en el tema, por si les interesa. Debe ser que se está poniendo de moda.

La idea de medir nuestro tiempo en base a algo que no sea un calendario estructurado y cuadriculado (como una grilla), quedó dándome vueltas en la cabeza. Si se fijan bien, en la naturaleza, el tiempo pasa en estaciones. A simple vista es algo muy obvio, pero si uno se detiene un segundo en ese detalle… deja mucho para pensar. Por ejemplo, en la agricultura, no se realiza la plantación de una determinada especie en cualquier momento. Ni tampoco su respectiva cosecha. A su vez, ese tiempo que es tal para una especie, es cual para la otra. No necesariamente todos los tipos de plantas germinan al mismo momento ni se cosechan sus frutos en el mismo período. Es algo obvio.

Teniendo en cuenta eso ¿No funcionamos nosotros así también? No tenemos la misma creatividad en invierno que en verano. No tenemos la misma energía mental en otoño que en primavera, y no tenemos las mismas ganas de salir a la noche cuando hace frío que cuando hace calor. Son cosas obvias, pero lo gracioso es que, al menos yo, no las aplico a mi vida. Ahora les explico porque.

Ser productivo es serlo todo el tiempo.

Siempre se me dijo eso. Ser perseverante en un propósito secular cualquiera implica mantenerlo con voluntad de acero, funcionando durante los 365 días del año. Pero ¿No vimos acaso que ni la naturaleza que nos rodea ni nuestra propia naturaleza humana funcionan así? Si durante invierno no tengo fuerzas emocionales para hacer ejercicio, salir a correr, salir de guitarreada, etc ¿Por qué debería hacerlo? Será que el invierno es un tiempo propicio para otra cosa… Así como las plantas descansan y recuperan sus fuerzas, tal vez nosotros también deberíamos hacerlo.

El Momento Oportuno, Eclesiastés 3

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas (…)”

Una planta en invierno no considera que está siendo improductiva por no producir fruto. Al contrario, está siendo muy productiva porque está acumulando energías para la etapa siguiente, en la cual si dará fruto. Es productiva porque sigue su naturaleza.

Me pasa mucho que en un día de estudio, si me distraigo más de una hora haciendo una cosa, considero que fue un fracaso ese tiempo, y que lo desperdicié. Tal vez, esa frustración sea infundada, y en realidad, la distracción sea una respuesta de mi naturaleza humana que me dice: “Salvador, no es el momento humano para hacer esto, necesito cambiar de aire…”

Yo soy muy autoexigente y tengo muy buena voluntad. Soy muy bueno dominándome y dándome órdenes para lograr lo que corresponde. Pero creo que últimamente confundí lo que corresponde con lo que realmente Dios me manda y me enseña por medio de mi propia naturaleza. Muchas veces, es mejor no trabajar. Es mejor no hacer nada, “perder el tiempo” y confiar en Dios. Eso nos hace más humanos, y más hijos Suyos porque actuamos como el resto de su Creación, que espera siempre el momento oportuno.

Recordamos la sensación, nunca la fecha.

En base a esto que les digo, me doy cuenta que por más que me esfuerce muchísimo en vivir “cronogramicamente” (si ya se, esa palabra no existe, pero quería decir “en referencia a un cronograma”), solamente se vivir en etapas. Etapas que duran días, años, meses o lo que fuere. Etapas que vemos a través de un marco cuadriculado que los seres humanos denominamos “calendario”.

Todos conocemos varios tipos de calendarios diferentes: el calendario académico (que nos divide la vida en cuatrimestres), el calendario semanal (que nos divide la vida en semanas, días, meses y años), el calendario litúrgico (que nos divide la vida en etapas de la vida de Cristo y la Iglesia), el calendario Chino, etc. Mi vida se va adaptando a cada uno de ellos según pasa el tiempo. A veces prima uno sobre otro y así. Pero al final del día, termino recordando el “mood” de una etapa más que la fecha exacta que duró.

Me doy cuenta, mirando hacia atrás desde ahora, que a mi vida la tengo yo también dividida en etapas. En fases o mejor dicho “temporadas”. Me animo a decir que todos pensamos en nuestra vida de esa forma, pero para poder comunicarlo a los otros, es necesario encasillar esa idea en el marco en “cuadrillé” del calendario anual, que les decía antes.

Tengo una imagen muy nítida de mi vida antes, durante e inmediatamente después de la pandemia, pero no recuerdo exactamente a cuantos años de calendario corresponden. Puedo describir estas etapas, pero no encuadrarlas en mi calendario.

Algo así es lo que quiero mostrarles. Es como si la etapa real simplemente fuese muy diferente al calendario gris que usamos nosotros.

Esto me pasa a pequeña escala también. En un mismo día hay diferentes etapas o temporadas. A la mañana bien temprano, la energía mental es poca, sigo medio dormido y confundido, con pensamientos medio de ensueños todavía… a la mañana un poquito más tarde tipo 10.00hrs mi energía mental/social/emocional y conciencia personal llegan a su culmen de desarrollo, y a medida que se acerca el mediodía entran en declive nuevamente, porque empiezo a tener hambre. La siesta es un momento de pausa y reflexivo, que nos lleva lentamente a la tarde, y que a su vez nos lleva a la noche, en dónde esa energía mental termina de descender y ya cuesta mucho pensar en responsabilidades y tareas arduas, y queda solo el silencio, la oración y el descanso.

Resumiendo hasta ahora:

  • Nuestra naturaleza humana coincide con la naturaleza del resto de la Creación, y vivimos en etapas/temporadas/estaciones más que en días de calendario.
  • Estas etapas son difíciles de reconocer a simple vista. Pueden durar meses, días, semanas, horas, etc y la única forma que tenemos hasta ahora de comunicarlas con los demás es por medio de una reducción cuadriculada a través de la cual miramos a la fase, denominada “calendario”.
  • Como no logramos reconocerlas, tratamos de adaptar nuestra vida “estacional” a una serie de casillas duras y matemáticas. Por lo tanto, nuestros conceptos de productividad, eficiencia, trabajo, descanso, recreación; se ven alterados y violentados. Porque no están hechos para coincidir con ese cronograma que tratamos de imponerles.

Este último punto nos lleva a lo siguiente:

Los cambios de etapa no son directos.

Pero el paso de los días si. En un calendario normal, el contacto entre días numéricos es neto. Eso es muy confuso para nuestro sistema de tiempo humano. Así, nos sucede que sentimos como que la vida “nos lleva por delante” o que las responsabilidades nos consumen. Esta frustración o estrés se deben nada más y nada menos que a la transición.

Nuestro trabajo, estudio, y vida productiva en general funcionan en contactos netos y cambios directos y concisos. Entonces, sucede muy seguido que, mientras nuestra vida eficiente avanza de cuadrado en cuadrado, nosotros seguimos viviendo una etapa anterior. Y por eso estamos humanamente desfazados de nuestra propia vida. Eso es muy frustrante, porque se siente como que estamos corriendo sin alcanzar nunca a esos cuadrados que pasan de uno a otro muy rápidamente. Se siente como estar siempre por detrás.

Y ahora qué.

No tengo una conclusión sobre esto. Sigo pensándolo y me entusiasma mucho esta idea. Por lo pronto, quiero esforzarme en vivir más a conciencia esto. Quiero notar los cambios de las estaciones, y notar como a medida que cambian, varío yo también (mi manera de pensar, de crear, de estudiar, de reposar, etc) y así poder ponerles nombre y comunicarlas. También quiero extrapolarlo a una escala pequeña, y diferenciar con mayor nitidez las variaciones en un mismo día. Es un estilo de vida mucho más humano, acorde a como Dios nos hizo. Y por eso es mucho más pacífico, porque se siente justamente como ir en linea con lo que somos. Un poco de esto ya describí acá.

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