Los días se me vienen haciendo infinitos. No se si es porque la facultad arrancó con toda o que onda pero esta última semana después de Pascua Jóven fue chocarse contra la pared.
Me vengo sintiendo medio solo. Me abruman las responsabilidades y siento que la claridad con que me habia encontrado con Jesús el finde se difuminó al toque. Y es re lógico pensar en eso. Es común que Dios se me haga más fácil de sentir en medio de gente que lo siente también.
Esta semana arranca con el 2do Domingo de Pascua y viene con toda la fuerza renovadora de la Divina Misericordia para seguir los cincuenta días de Pascua que nos quedan.
Eso es un gran aliento para mi. Como un suspiro. Por eso quiero aprovechar el empujoncito y proponerme más vida de oración. Más interioridad y más propósitos.
Quiero, por lo pronto, leer la Biblia una vez al día y retomar el ejercicio, por lo menos 20min. Quiero animarme a posponer un poco la facultad y demás responsabilidades, para priorizar estas cosas humanas, que tanto bien me hacen.