Una vez una madre me dijo que cuando sus hijos salen ella no puede dormir hasta que vuelvan, porque quiere verlos seguros. Es natural proteger a los hijos, pero su salud y seguridad física no es lo más importante: lo esencial es su seguridad espiritual. Cada sábado, los jóvenes son bombardeados en el campo moral. Muchos abandonan a Dios y pierden la gracia. Santa Rita comprendió este drama y rogó que sus hijos murieran antes que pecar, porque sabía que el pecado es el asesino más cruel. El pecado hiere desde adentro, vacía el corazón y deja al joven sin alegría ni personalidad, convertido en un ser que vaga sin horizonte. Son pocos los que tienen la firmeza de salir y luchar por la gracia. Muchos, sin experiencia y confundidos, frecuentan lugares y fiestas donde no distinguen el bien del mal. Así se convierten en ovejas sin pastor, devoradas por las drogas, el alcohol, la impureza y tantas trampas del mundo. Y tú, joven: ¿Hoy darás testimonio de tu fe? ¿Serás fiel a Dios y a su gracia? ¿O dejarás solo a Jesús en el Calvario? La decisión está en tus manos. Cristo te llama a la vida, a la alegría y a la santidad.