“El deporte es un don divino que perfecciona la unidad del hombre: fortalece el cuerpo, esclarece la mente y templa la voluntad. Al exigir disciplina y sacrificio, ordena las pasiones y dispone el alma para recibir, con mayor libertad, la acción de la Gracia. Como todo bien participado, su fin es la virtud; por ello, el deporte solo es auténtico cuando se orienta al bien y se aleja del vicio. Aquella actividad que se rinde a la vanidad o al pecado se desvirtúa de su origen, pues un ejercicio que carece de sacrificio y orden no solo pierde su eficacia, sino que deja de ser verdadera perfección del hombre.”

Lo dijo un padre amigo mío. Me encanta ver las cosas cotidianas de esa forma tan sana.