Regresan los pródigos, vuelven los desleales, retornan los descaminados, se arrepienten las mujeres de sus horas públicas, se levantan los tibios y perezosos, se enderezan los mediocres. Hasta los hipócritas desandan los sucios caminos. ¿Será posible que sea yo el pobre miserable que no se atreve a desatar las cadenas que me aferran a la podredumbre?